Este tráfico de comerciantes implicaría una cierta vida comercial que se materializó en el caso de Alustante en la construcción de una lonja en la planta baja de la casa de concejo, documentada ya en 1577. Este camino, con algunas variantes en su trayecto hasta Molina, quedará plasmado en la cartografía histórica.

Así en el Mapa de la Provincia y Obispado de Cuenca (1766) de Tomás López como en el Mapa geográfico del Señorío de Molina, del mismo autor (1785), el camino pasa siempre por Motos y Alustante, continúa por entre Adobes y Piqueras, pero en adelante se le hace discurrir por un itinerario diferente al que parece ser era el habitual. También en algunos mapas de Aragón, anteriores y posteriores, como el de Bourguignon d’Anville (1719) o el de Gussefeld (1789) se observa la existencia de este camino, aunque con ligeros desvíos que tanto pueden ser posibles itinerarios alternativos como errores cálculo, tan comunes en esta etapa de la cartografía.

En todo caso, hemos calculado que los desvíos que representa esta cartografía incrementarían las distancia hasta en una decena de kilómetros con respecto al itinerario que se ha reconocido como tradicional, y del qué se ha podido obtener una representación cartográfica muy precisa en un mapa del siglo XIX de la provincia de Guadalajara conservado en la Biblioteca Nacional.

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El tráfico por el camino se mantuvo más allá de la supresión de las fronteras comerciales entre Castilla y Aragón en 1714. Así, por ejemplo, durante la guerra de la Independencia se observa un gran trasiego por este camino tanto hacia Teruel y Albarracín como a Molina, fundamentalmente en el periodo en que Villacampa estuvo en la zona y había que suministrar raciones a sus tropas.

En el siglo XIX el auge comercial permanece en la localidad gracias al trasiego por el camino. Tras la definitiva separación jurídica de Alustante del Ayuntamiento de Molina en 1813, se solicita a la recién creada Diputación de Guadalajara con Molina la creación de un mercado semanal en el pueblo por tratarse de “un pueblo comerciante” y no haberlo en pueblos circundantes. Así pues, en el Diccionario de Miñano (1826), se indica que en el pueblo se celebra un mercado semanal y una feria anual, que en Madoz (1845) se precisa que se celebraba el 14 de mayo y que alrededor del 30% de los vecinos del pueblo se dedicaban al trato de mulas y al comercio.

Asimismo la reparación del puente sobre el río Gallo entre Motos y Alustante en 1867 está justificada “atendiendo a que en algunas épocas del año [el río] hace quedar incomunicados ambos pueblos con perjuicio de sus intereses y al de los transeúntes que tanto de esta provincia como de la de Teruel y la de Valencia acuden mutuamente a exportar e importar sus frutos y relaciones comerciales, como punto importante de esta comarca”.

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En 1884 se comienzan los trámites para la construcción de una carretera que uniría Albarracín con Molina para lo cual se forma una comisión del pueblo que defiende en Madrid que esta carretera siga pasando por Alustante. De esta época debe de datar el mapa anteriormente señalado en el que el camino aparece señalado como vía principal dentro de la comarca de Molina.

No obstante, a principios del siglo XX, llega a Setiles la industrialización de las minas de hierro, y en la primera década se hace la carretera que desde el cruce de Caudé conduce por al Albarracín al Pobo de Dueñas. La carretera seguirá pasando por Alustante, pero el camino tradicional va quedando abandonado, al desviarse hacia Tordesilos y Setiles.

Todavía el plano 1:50.000 del Instituto Geográfico Catastral de 1942, señala con nitidez este camino en su hoja de Checa (540), y en el visor del sigpac del Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación aún aparece el camino de Molina a Alustante al sureste de la ciudad, mientras que en Alustante ocurre lo mismo.

Con todo, y pese a que hasta la década de 1970 se siguió transitando, este camino apenas hoy se practica, habiendo quedado reducido al uso agrícola o forestal en tramos de ámbito muy local.