La Casa Lugar de Alustante no es, ni mucho menos, un edificio de tipología aislada, como tampoco lo fueron los factores que condujeron a su construcción. Ya desde 1480 está ordenado en Cortes que los concejos de lugares, villas y ciudades de la Corona de Castilla y León tengan “casas grandes y bien fechas en que se fagan sus ayuntamientos y concejos”. Esta normativa estaba orientada a sacar las reuniones civiles del interior de las dependencias de las iglesias, tales como coros, pórticos y cementerios (ubicados normalmente en los atrios), utilizados en la Edad Media para tales fines.

Y es que durante esta época, tanto en ciudades como en las comunidades aldeanas de todo el occidente europeo, se observa la costumbre de reunirse tanto en el exterior como en el interior de los templos parroquiales para la celebración de diversos actos civiles: reuniones concejiles, audiencias, juicios e incluso bailes, y en los pórticos y cementerios, juegos y mercados. Y es que las iglesias, aparte de ser edificios construidos por los pueblos, eran los más capaces y dignos de cada ciudad, villa o aldea. Por otro lado, no debe de extrañar esta asociación entre comunidad civil-comunidad parroquial, ya que en la mentalidad medieval eran una misma cosa. Así pues, aunque el mandato de Cortes comenzó a aplicarse más o menos pronto en los ámbitos urbanos (Molina parece contar ya con su Casa de Ayuntamiento en 1489), es probable que no tuviera efecto inmediato en los ámbitos rurales.

Todavía a mediados del siglo XVI se está cuestionando por parte de la Iglesia diocesana de Sigüenza la presencia de actos civiles en las parroquias, y así en el sínodo de 1566 se ordena “que de aquí en adelante no se hagan concejos ni ayuntamientos en las iglesias ni cementerios, ni en los domingos ni fiestas antes de missa mayor, so pena de doscientos maravedís para la fábrica de la yglesia”.

No obstante, estos usos siguieron manteniéndose y un siglo después otro Sínodo diocesano volverá a prohibir la celebración de bailes, mercados, juegos de pelota, concejos y audiencias en los portales de las iglesias.

Aparte de los mandatos y prohibiciones de Estado e Iglesia, se apunta un factor importantísimo a tener en cuenta para comprender el surgimiento de este tipo de edificios civiles, que es el despertar de un orgullo comunal que venía observándose en las principales ciudades del occidente europeo desde la Edad Media y que va extendiéndose poco a poco a los ámbitos rurales, imitando a sus capitales, a medida que las aldeas van adquiriendo ciertas competencias que las alejan de su condición de meros barrios de villas y ciudades cabeceras del territorio donde radican. De este modo las casas consistoriales, las torres parroquiales (todavía financiadas por los pueblos) y las lonjas, se convierten en edificios emblemáticos que materializan el amor que sentían estas gentes hacia lo comunal.

Efectivamente, no sólo la Casa de Concejo sino también la lonja será un elemento importante en este fenómeno. El surgimiento de las lonjas (muchas veces integradas en los edificios municipales) es un fenómeno urbano mediterráneo que acaba extendiéndose por casi toda Europa. Del mismo modo que unos siglos atrás se trataba de construir imponentes templos religiosos, a fines de la Edad Media y comienzos de la Moderna se comienzan a hacer suntuosas lonjas en las principales ciudades de la Corona de Aragón como Barcelona, Valencia, Zaragoza, Teruel, Alcañiz, etc.

No obstante, es a lo largo de los siglos XVI y XVII cuando se extienden este tipo de edificaciones, aunque de fábrica más modesta y normalmente formando parte de las casas consitoriales, por el ámbito rural de Aragón, Cataluña y Valencia, en las que básicamente se repite una misma disposición de dependencias: dos crujías, la delantera posee la lonja abierta en la planta baja y salón de sesiones arriba, mientras que la trasera suele estar ocupada por un depósito de presos, carnicería pública y algún almacén abajo, y arriba por dependencias de variado uso, como archivos, graneros públicos, etc. En todo caso, lo que se pretende con las lonjas es prolongar el espacio público de una plaza al interior de un edificio municipal, o dicho de otra manera, “en este espacio protegido, nunca tienes sensación de estar fuera de la plaza. Al contrario. Te encuentras claramente dentro de ella” (Calduch (2000), 169).

De este modo surgen estos edificios polifuncionales en muchos pueblos, entre los que podemos destacar, por su cercanía, Villar del Cobo, Orihuela, Monterde, Pozondón, Terriente, Moscardón (en la Comunidad de Albarracín); Almohaja, Villar del Salz (en la Comunidad de Daroca); en Santa Eulalia, Aguatón, Cella (Comunidad de Teruel). En el Señorío de Molina, por su cercanía a Aragón, se tienen documentadas lonjas en Orea, Checa y Alustante; en todo caso aquí, la mayor parte de los pueblos (Castellar, El Pobo, Campillo, Hombrados, Tordesilos, etc.), aunque con acceso por una sola puerta que quedaba cerrada por la noche, poseían amplios zaguanes a las entradas sus Casas de Concejos que desempeñaban las mismas funciones que las lonjas.