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Los aspectos institucionales de la cofradía se conocen a través de cuatro conjuntos de ordenanzas: las ordenanzas fundacionales (1587); unas nuevas ordenanzas de mediados del siglo XVII que varían muy poco con respecto a las primeras; las ordenanzas impresas en Madrid en 1681 y la última renovación de las mismas de 1872, que han funcionado hasta la actualidad.

A través de todas ellas se descubre que la cofradía del Santo Cristo de las Lluvias no es ni más ni menos que una más de las múltiples cofradías penitenciales que surgen por toda la geografía del occidente europeo. Como muchas de ellas, mantiene una estructura clásica en la cual sus miembros se dividen en hermanos de sangre y hermanos de lumbre o de luz.

No es necesario decir que los hermanos de sangre son los disciplinantes, mientras que los hermanos de lumbre están encargados de alumbrar las procesiones con hachones de cera. Tal vez la existencia de estos disciplinantes es lo que en un primer momento más ha llamado la atención de esta cofradía en cuanto la hemos estudiado. No obstante, pese a que debió de haber momentos en los que los hermanos disciplinantes fueron un número considerable, lo cierto es que cuando poseemos relaciones de cofrades en las que se indica su condición (sangre o luz), los cofrades de sangre tan sólo representan un 15% del total de los hermanos.

En ambos casos, los hermanos del Santo Cristo de Alustante estaban obligados a vestir una túnica negra, tan larga que llegara a los pies, y llevarían la cara tapada con una cogulla o tercerol también negro. Como en muchas otra cofradías penitenciales, el hecho de ir de negro y con la cara tapada ponía de manifiesto su actividad de enterradores, e incluso encontramos que, aparte de una forma de mantener el anonimato y de manifestar modestia en las procesiones, ir con la cara tapada era una medida de higiene para evitar contagios e inhalar malos olores durante los entierros, especialmente en épocas de epidemias.

En 1587 se advierte que los cofrades de disciplina y sangre debían azotarse una vez al año, en la procesión que se celebraba el día de Jueves Santo por la tarde. Por lo que respecta a los cofrades de lumbre, debían portar blandones de hasta 2 libras de cera, siendo multados aquellos cofrades que incumplieran esta ordenanza con media libra de cera de penalización. La condición de los cofrades se adquiría voluntariamente pero una vez tomada la decisión, los cofrades de sangre no podían convertirse en cofrades de lumbre, ni al contrario.

Las ordenanzas de 1681, mantienen sustancialmente lo arriba referido acerca de los penitentes, si bien advierten que si “qualquiera Cofrade, ò Hermano, tuviere algun achaque para no poder disciplinarse, como es mal de coraçon, xaquecas, vomitos, mal de estomago, debil de complenxion, ò que açotandose tiene experiencia que se le ha causado alguna enfermedad, ò que haze demasiado frio, ò que està neuando como es tierra tan fria, queremos, que se derogue, y se dispense para que no se dicipline”.

Del mismo modo se advierte el interés de la cofradía por que sus miembros no se excedan a la hora de azotarse: “Assimismo registraràn las disciplinas, si tienen mas, o menos de las cinco rosetas, y si lleuaren algunos instrumentos desordenados, que puedan ser causa de perder la salud, ò la vida, el Piostre, y los demàs Hermanos Oficiales, los quitaràn y prohibirán”.

Esta costumbre de disciplinarse queda abolida en la reforma de los estatutos de 1872, aunque, al parecer, ya hacía tiempo que de hecho ya no se practicaba.