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las cofradias de alustante

El Concilio de Trento marca las pautas generales de la llamada Contrarreforma o Reforma Católica; en él se observa, entre otros múltiples aspectos, el interés por desarrollar una piedad pública basada en la teología de la salvación por las obras, frente a la teología de la Reforma Luterana basada en la teología de la justificación por la fe, en la que, grosso modo, no los actos sino sólo la fe es la que permite la salvación del alma.

Por otro lado, la piedad luterana, heredera al fin y al cabo del Erasmismo, propugna una religiosidad íntima e individual, mientras que la piedad católica es fundamentalmente colectiva, en ella los pastores de la Iglesia siguen manteniendo una importancia indiscutible y las manifestaciones de la piedad siguen teniendo como escenario las calles y plazas públicas.

No obstante, hay que tener en cuenta que desde la Edad Media, posiblemente desde mediados del siglo XIII, las cofradías cobran una importancia enorme. Debido a una conjunción de fenómenos climatológicos adversos y una situación social y política convulsa llena de conflictos, las crisis agrícolas y demográficas, cada vez más abundantes, comienzan a provocar situaciones sociales muy penosas; especialmente triste es la situación de desvalimiento de huérfanos y viudas, pero también de enfermos e inválidos que incluso en el momento de su muerte se encuentran en la más absoluta soledad.

De ahí que la cofradía, a modo de familia artificial, tienda a sustituir a la familia natural. Aparte de esta importante labor social de acoger y ayudar a los más desvalidos de la sociedad, la labor de la cofradía no termina en la muerte del hermano sino que su función será también la de pagar a capellanes para que digan un determinado número de misas al año en concepto de sufragio por las ánimas de sus antiguos hermanos.

En este sentido, e íntimamente relacionado con la plenitud de la teología del purgatorio, las cofradías tienden a adquirir indulgencias que, por medio de determinadas obras, por ejemplo, confesar y comulgar el día de Jueves Santo, o asistir a la procesión del santo patrón, los cofrades se libran de una cantidad concreta de días de pena en el purgatorio.

Así se observa en el siglo XVI –aunque tal vez alguna de ellas proviniera de épocas anteriores- el surgimiento de una serie de cofradías que podemos clasificar, dentro de las tipologías de cofradías propuestas por algunos autores, en:

a) piadosas-cultuales, aquellas encargadas de venerar y cuidar la imagen del santo o santa patrón, poseyendo también la preocupación por el sufragio de las almas de sus miembros difuntos.

b) algunas de ellas benefactoras.

c) y, sólo la del Santo Cristo, se puede considerar penitencial.

Entre las primeras, estarían la de la Natividad (documentada en 1556), Santa Catalina (1647, aunque puede tener una antigüedad de más de un siglo en ese momento) y el Rosario (1586), pudiendo incluirse también en esta tipología las cofradías de cultos tan abstractos como el Santísimo Sacramento (1573) -cofradía muy extendida en la Diócesis- o la del Santísimo Nombre de Jesús (1586), también muy extendida y e impulsada por el obispo Figueroa en 1589 para evitar el abuso de juramentos.

No nos cabe duda de que todas ellas poseían de un modo u otro unas funciones benefactoras, aunque lo único que hemos podido hallar documentado a este respecto es el hecho de realizar sufragios por las almas de los difuntos.

Sin embargo, la cofradía del Santo Cristo de las Lluvias (1587) aglutina todas las funciones que puede tener una cofradía clásica: se dedica a rendir culto al misterio de la Vera Cruz, honra al Santo Cristo de Alustante, se ocupa del cuidado y protección de los desvalidos, cumple la función de enterrar a los muertos y paga misas de sufragio por las ánimas de los hermanos difuntos.

De ahí que, aún no siendo la más antigua de las cofradías, muy pronto su prestigio dentro y fuera del lugar será enorme, a lo que ayudará la oleada de prodigios que desde 1610 se comienzan a atribuir al Santo Crucifijo de Alustante.