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el santo cristo de alustante

Por el momento es una incógnita el origen de la imagen del Santo Cristo de las Lluvias llamado originalmente Santo Crucifixo de Allustante. Los análisis artísticos realizados durante su restauración en el año 2000, señalaron su adscripción al estilo que se está generando en Borgoña entre finales del siglo XV y principios del XVI, tratándose de una imagen de bulto, de madera policromada, de un tamaño ligeramente inferior o igual al tamaño natural para la época de la que hablamos [por los hábitos antiguos conservados, los que los vestían no superarían el 1,40 m de altura en algunos casos].

La fisonomía del Crucificado ha llamado la atención por poseer desproporciones sustanciales, especialmente en los brazos, -excesivamente largos con respecto a concepciones realistas- acentuando este hecho el carácter expresionista que ya de por sí logran los múltiples moratones y heridas, o la expresión moribunda del rostro del Cristo, logrados por medio de una talla y una policromía hábilmente trabajadas.

No es pues, como se ha dicho, ni la obra de un artista local sin formación, ni una obra de escaso mérito: es una escultura concebida para mover a una piedad en la que lo truculento de los detalles de la Pasión de Cristo era motivo de reflexión devota.

En la parte posterior del Santo Cristo, en la intersección de los dos palos de la cruz, se encuentra pintado el símbolo de las Cinco Llagas enmarcado en un escudo, motivo muy utilizado por los franciscanos en memoria de los estigmas de Cristo, manifestados en San Francisco, orden en cuyas prédicas de los siglos XIII, XIV y XV se encontraba también el acto de disciplinarse en público.

Precisamente, en los estatutos de la cofradía se encuentra el mandato de que las disciplinas, es decir los azotes, con los que se laceraban los cofrades, tuviesen cinco roseras, ni una más ni una menos, lo cual parece estar dispuesto para que el azote dejara una marca en la piel que recordara la Pasión de Cristo.

También la capilla del Santo Cristo debió de ser anterior a la creación de la cofradía, ya que posee un estilo idéntico al de la techumbre del coro de la iglesia, comenzado en 1552 por los hermanos Juan y Pero de Vado.

En este caso, la capilla se trata de un espacio cúbico enmarcado en los vértices por pilastras (en la vertical) y molduras (horizontalmente), al que se accede por un gran arco de medio punto enrejado con una sencilla cancela de madera. La techumbre se soluciona por medio de una bóveda de media esfera de casetones y dispuesta sobre pechinas.

En el testero oriental de la capilla se encuentra el altar del Santo Cristo cuyo centro de atención es evidentemente la mencionada escultura, la cual se enmarca en un escenario limitado por dos columnas jónicas que sostienen un frontón triangular, el cual remata dicho retablo y aloja, en su parte inferior, el mecanismo que hace subir y bajar una cortina de damasco morado en el que figura bordado el anagrama JHS.

En el fondo del retablo se encuentra pintado un paisaje de escaso interés artístico de la ciudad de Jerusalén; sobre esta escena de Jerusalén se colocaron en madera sobredorada un sol, a la izquierda del Crucifijo, y una luna, a la derecha: Cristo principio y fin, alfa y omega.