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los milagros del santo cristo

Los milagros del Santo Cristo de Alustante se encuentran registrados en un documento que se conserva en el Archivo Parroquial y se concentran en dos periodos diferentes, por un lado, de 1610 a 1614, siendo cura Felipe Tercero y León, y de 1650 a 1652, anotados por el sacristán Marcos de Ribadeneira y el cura Pedro López Luzón (1635-1655), contabilizándose un total de catorce prodigios y una procesión multitudinaria.

Los relatos, exceptuado el de la rogativa de Piqueras, tal vez el más conocido de todos, suelen referirse a enfermedades o accidentes aparentemente incurables que sanan en las personas que invocan el nombre del Santo Cristo de Alustante, untan la zona dañada con el aceite de la lámpara del altar, la tocan con el velo que cubre la imagen o celebran una misa de Pasión en dicho altar.

Así, el ambiente prodigioso que se genera en el pueblo se puede encontrar en este documento en expresiones como la siguiente: “de secas y garrotillo ay tanto numero de cosas marabillosas que an sucedido con el açeyte de la lampara que no se pueden escribir...”, y en el caso de Catalina de Lara, enferma de una gravísima enfermedad, se dice que “acordandose del Santo Christo de Allustante y de los milagros que cada día hace en las personas que a el se encomiendan, le llamo y le invoco y le pidio de todo coraçon tubiese por bien de librar a la dicha Catalina de Lara...”

No cabe duda que la popularidad de este Santo Cristo y de los milagros a él atribuidos debieron de trascender pronto el ámbito local, de ahí que pocos años desde la fundación de la cofradía se advierte el aumento espiritual y material de la misma, de modo que en una junta celebrada el 25 de junio de 1617 se hace notorio que “la devoción de los fieles cada dia se ba aumentando y acuden con sus limosnas y mandas a este Santo Xpo”.

Efectivamente, la devoción al Cristo de Alustante debió de estar considerable extendida en el ámbito comarcano, llegando a existir estampas del Santo Cristo encargadas hacer en Madrid en el año 1712, de las que desgraciadamente no ha llegado ninguna hasta nosotros.

Pero la difusión del culto al Santo Cristo de Alustante fuera del ámbito del pueblo se había dado con el milagro de la rogativa de Piqueras, acaecido el 17 de junio de 1614, el cual le valió a la imagen la devoción popular como socorredora en situaciones de sequía.

Cuenta Felipe Tercero y León que en situación de sequía generalizada por toda España llegó a la capilla del Cristo en rogativa el pueblo de Piqueras y que “abiendo de deçirse la misa, yo corri el primer belo para que biesen a el Cristo; fue tan grande el alborote y aullicio que se lebanto de llorar y pedir a Dios, como por fuerça que nos socorriese, que al salir de misa se bio encima de los Quemados en raso una nubeçica como belloçino metida en una tarbiera, y se dibidio en dos y con el aire fue llebada la una por cima de el Pinillo, y llobio en lo de Piqueras a la vna ora, y a la noche nos hiço Dios merced por aca, y otro dia amanecio raso”.

Dicho milagro debió de ser recordado durante varios siglos instituyéndose una rogativa al Santo Cristo (ya llamado de las Lluvias) por parte de las “siete cruces”, esto es, las siete cruces parroquiales de los pueblos de Motos, Piqueras, Abobes, Tordesilos, Alcoroches, Orea y Alustante.

De esta rogativa se tienen noticias documentales en 1652 y en 1803, pero todavía existen en Alustante personas que recuerdan algunos detalles de esta costumbre. Juliana Sanz, nos refiere cómo en el desaparecido prado de San Sebastián se juntaban las “siete cruces” y que, siendo ella niña oía quejarse a su vecina de que los vecinos de otros pueblos que alojaba en su casa durante la rogativa se le comían la comida que guardaba. Según Juliana Sanz, se trataba de una gran celebración que acabó sucumbiendo debido al mal trato y mofa que recibían en Alustante los vecinos de los pueblos concurrentes.