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oficiales y elecciones

Como se habrá podido comprobar, la cofradía del Santo Cristo de las Lluvias no se diferencia en su funcionamiento externo de la mayoría de las cofradías penitenciales existentes en el pasado en el ámbito de la actual provincia de Guadalajara, pues bien, tampoco en el número de los cargos posee una diferencia con respecto a otras hermandades del mismo tipo.

La cofradía estaba estructurada en una junta de oficiales a la que se denomina los “cinco votos” y un cuerpo de hermandad que junto con la primera forman la junta general.

Los “cinco votos”, están constituidos por:

a) un abad, cargo que recae siempre en el párroco de la iglesia de Santa María de la Asunción de éste pueblo;

b) un piostre, autoridad seglar suprema de la hermandad, porta el báculo con la cruz;

c) el mayordomo, limosnero y encargado de la administración de los bienes de la cofradía, porta el segundo báculo;

d) y dos acompañados, el de piostre, que porta el tercer báculo, y el de mayordomo; los acompañados son los ayudantes de ambos cargos mayores, que se convertirán en el próximo mandato en piostre y mayordomo, siendo dichos mandatos de un año.

Esta es al menos la estructura que se encuentra en los primeros estatutos de 1587 y en los de mediados del siglo XVII. En estas épocas parecen no existir asambleas generales nada más que en el momento de las elecciones.

Ahora bien, a fines del siglo XVI, aunque se advierte que en la elección de acompañados de piostre y mayordomo han de estar juntos todos los cofrades en la tarde del día de la Cruz de Mayo, en esta ceremonia se ordena “se aparten” el piostre y mayordomo salientes, y acompañados de éstos (ahora ya piostre y mayordomo) y con el consejo del abad se elijan los nuevos cargos de acompañados.

En estas ordenanzas se permite la posibilidad de repetir cargos por dos años, mientras que no se permite volver a ocupar cargos de oficiales hasta un transcurso de seis años.

Muy parecidos son los cargos y normas de elección hasta 1681, si bien en los estatutos de mediados del siglo XVII se observa la ordinación de que si alguien “se resiste y dice palabras feas y malas de parecer de los mas votos sea echado de la Cofradía”, lo cual hace sospechar que este método pudo haber sido motivo de disputas con anterioridad.

Sea como fuere, en los estatutos de 1681 se mantiene esta metodología en la elección de acompañados. Pero, aparte de la elección de los cargos tradicionales, se observa en esta época el surgimiento de un conjunto de cargos creados ex novo que, al tiempo que tratan de descargar de responsabilidad y trabajo a los tradicionales “cinco votos”, convierten a la cofradía en una institución con un grado de complejidad considerable.

Efectivamente, a partir de 1681 se eligen dos consiliarios, “hombres ancianos, entendidos y experimentados” a los que se les concede capacidad de voto en situaciones de dificultad; un secretario que tome nota y despache todo tipo de asuntos que atañen a la cofradía; además se nombran un tesorero y un contador, con lo que el cargo de mayordomo queda reducido de hecho a un oficio de carácter honorífico.

Desde luego, esta complejidad pudo mantenerse mientras se conservó activo el significado social y religioso de la cofradía, de modo que a fines del siglo XIX, una época de crisis manifiesta, se vuelve de algún modo a los viejos “cinco votos”, aunque el método de elección se basa en un turno de mandato por antigüedad.

También se mantienen los cargos de munidores, cargo creado en 1789 a fin de organizar las procesiones, avisar a los hermanos para los actos de la cofradía, recoger y entregar las velas, etc., y que de dos pasan a ser cuatro, correspondiéndoles el honor de llevar el Cristo pequeño (imagen que comenzó a sustituir al Santo Cristo de las Lluvias en procesiones y entierros ya en el siglo XVII, que sólo salía en momentos muy puntuales) y la bandera de la cofradía en las solemnidades desde fines del siglo XIX.