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festividades y procesiones

Las festividades y procesiones que se celebraban, estaban destinadas a conmemorar la advocación de la Santa Cruz, siendo los días 3 de mayo, 16 de julio y 14 de septiembre, fiestas en las que estaban obligados los cofrades a acudir a misa llevando ofrendas de pan, vino y candelas, siendo la principal de todas ellas la de la Invención de la Cruz.

En este día se obligaba especialmente a los cofrades a que asistieran a una misa celebrada entre cuatro y seis clérigos, y después, “a las quatro de la tarde, vendran todos los confrades a la iglesia deste pueblo como dicho es en este capitulo con sus tunicas y disciplinas y se haga procesión a la hermita dicha de señor San Sebastián o a otra parte, si les apreciere al dicho peostre y acompañados”.

Procesión del Cristo, año 2002

Efectivamente, parece ser que tanto esta procesión como la del Jueves Santo, hacían su recorrido hasta la ermita de San Sebastián, ermita de origen medieval que se situaba a la salida del pueblo en dirección a Molina y que había sido reconstruida en 1534 a costa del concejo del lugar y bendecida en ese mismo año por el Obispo de Calpe en su calidad de visitador de la diócesis de Sigüenza.

En dichas procesiones se debía de llevar un orden que consistía en portar al frente la bandera y señal de la cofradía, un pendón de damasco negro con una cruz roja en el centro, después iban los cofrades y cerrando la procesión el Santo Cristo.

Aparte de estas procesiones a San Sebastián, en 1681 se instituye una nueva procesión al Calvario, paraje situado a las afueras del lugar hacia poniente, en el que se comenzó a celebrar una procesión en la que se portaba la imagen de Jesús Nazareno donada ese mismo año por doctor de Corte, D. Joseph Rezusta Otaduy, natural de Alustante, aunque residente en Madrid.

De esta imágen, perteneciente a la escuela madrileña de fines del siglo XVII, tan sólo se nos advierte que ha sido realizada por “grande escultor” y sólo un estudio documental más profundo y un análisis artístico adecuado permitirían averiguar su verdadero autor. En dicha procesión, que se celebraba el Viernes Santo, los cofrades estaban obligados a portar la imagen del Nazareno y a cargar con cruces al hombro, meditando sobre los diversos misterios del Vía Crucis.

La costumbre de llevar las procesiones de la Cruz de Mayo o del Jueves Santo hasta San Sebastián, que se observa todavía a lo largo del siglo XVII, debió de quedar en desuso en el siglo XVIII con la construcción de la ermita de la Soledad en 1745 en el Calvario, lugar donde se colocaban y se siguen colocando desde el principio de la cuaresma unas cruces de madera representando un Vía Crucis.

Así, en las reformas de ordenanzas de 1872 se advierte que las procesiones de Jueves Santo y del día de la Cruz de Mayo ya se vienen llevando por costumbre hasta la ermita de la Soledad y que las primeras pasan a celebrase únicamente el Viernes Santo.