Desde 1571 se poseen noticias acerca de la existencia de una Casa de Concejo en el lugar de Alustante. La referencia a ésta se halla en el Libro Primero de Fábrica de la Parroquia de Alustante y se trata de la subasta del arriendo público del molino de Cirujeda, perteneciente a la Iglesia. También en el Libro de la Cofradía del Santa Catalina, en sus ordenanzas de 1647, se encuentra la referencia de la celebración de las colaciones o comidas de hermandad en la sala alta de la Casa de Concejo, “porque es más útil y más dezente que en otra nenguna”. Este hecho hace pensar que dicha costumbre podría estar vigente en el siglo XVI ya que estas ordenanzas están copiadas “conforme el libro viejo” de la dicha cofradía, un libro hoy desaparecido pero que, del mismo modo que la imagen y capilla de Santa Catalina, debía de datar de aquella época.

Para comprender el surgimiento de una Casa Lugar en esta aldea hay que tener en cuenta algunos aspectos sociales y políticos que se dan en esa coyuntura alcista. Aunque Alustante no logró hasta la caída del Antiguo Régimen eximirse de la jurisdicción de Molina, a fines del siglo XVI es el principal núcleo de población aldeano de todo el Señorío de Molina con 147 vecinos, seguido de Tortuera con 129, Milmarcos con 125 y Torrubia con 114. El concejo parece estar en este momento viviendo uno de los periodos más dinámicos de su historia habiendo sido capaz de financiar, al menos en parte, las obras de la iglesia y de la torre. Además es el pueblo cabecero de la sesma de la Sierra en las Juntas Generales de la Tierra de Molina, distrito al que se denomina en ocasiones “sesmo de Allustante”.

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Por otro lado, no hay que perder de vista dos factores sociales y económicos para comprender esta situación: por un lado, la presencia de una clase ganadera muy potente que liderará la sociedad aldeana local hasta el siglo XIX y, por otro, el paso por dicho pueblo de la vía que comunicaba Albarracín y Teruel con Molina, radicando en Alustante uno de los puertos secos más rentables del Señorío. Especialmente este último factor implicaba un cierto trasiego mercantil que siempre necesitaría un espacio para la compraventa. No es de extrañar, pues, que en el siglo XVI este concejo aldeano decidiera construir su propia sede para las juntas del lugar y celebración de pequeños mercados, abandonando los viejos usos de reunión en el cementerio-atrio e incluso en el interior de la iglesia, usos éstos que permanecerán vivos en muchos lugares de la jurisdicción de Molina hasta bien entrado el siglo XVII y quizá más allá.

Aparte de los ayuntamientos y mercados que se pudieran celebrar en la Casa, también ésta servía como local para la celebración de fiestas y bailes populares. Así, se tienen varias noticias documentales que nos hablan de esto; una de ellas es la del contrato del gaitero Láçaro de Belinchón, vecino de Alustante, quien en 1674 se compromete a tocar la gaita en la Casa de Concejo después de las comidas de las festividades locales durante dos o tres horas. Asimismo, para celebrar el nacimiento de los infantes Carlos y Felipe, hijos de Carlos III, en 1783 se juntaron en la Casa de Concejo (llamada también del Cabildo) “los señores rexidores, diputados y procurador y se estuvo tocando la música que se estila en este lugar y haziendo luminarias públicas, y en este tiempo se estuvieron doblando las campanas dando muestras de alegría”.

Además, en el inventario de bienes raíces del lugar realizado en 1699 se hace referencia, en primer lugar, a la posesión por parte del Concejo de “una cassa solariega donde está el pósito real y la cárcel y carnecería y juego de pelota”, con lo que la polifuncionalidad de la Casa de Concejo queda ampliamente demostrada. El mobiliario de estas instalaciones concejiles (sala de sesiones, lonja, cárcel, carnicería, pósito) era mínimo, lo cual se muestra en un inventario de 1733 donde en la Casa sólo existen:

“un peso de cruz grande con arroba de yerro, otro pequeño de pesar la carne con sus pesas de yerro, tres libras, una libra y media libra y cuatro onzas, un cuchillo grande de descuartizar, una acha de cortar la carne, unos garfios de yerro..., mas una arca nueba con su llaue..., media arumbre y quartillo de arambre buenos, mas un yerro que es una A para las bacas errar, mas unos grillos con sus echaduras de yerro, mas unas esposas nuebas..., mas compraron siendo mayordomos Juan de Lahoz Malo y Domingo Ximenez Malo un pesso grande de ierro con un quintal de quatro @ con sus balanzas de madera i aforradas con dos barretas de ierro”.

A partir de 1743, y debido a un acuerdo entre la Parroquia y el Concejo para la instrucción de los niños del lugar en las primeras letras, se decide la construcción por parte de la Iglesia de un órgano que tocaría un organista que al mismo tiempo sería sacristán y maestro de escuela pagado por el Concejo. Este hecho debió de significar el traslado del pósito de grano a un edificio cercano, situado en la actual calle de la Iglesia nº 1, utilizándose el antiguo pósito antiguo como escuela y muy posiblemente para vivienda del maestro.

No obstante, a fines del siglo XVIII la Casa Lugar, desconocemos en cual de sus partes, se encuentra muy deteriorada, esto unido a la calamitosa situación económica en la que se encuentra la institución concejil del lugar hace que se lleguen a acuerdos como el que se transcribe a continuación:

“En el lugar de Alustante en tres días del mes de octubre de mil setecientos ochenta y dos, estando en la Casa de Ayuntamiento se tubo por bien el que, en atención a estar la Casa de Concejo hundiéndose, tanto que el morador que ai en ella no puede habitar y que de echo se va de ella si no se compone, por tanto todos los señores de Ayuntamiento resuelven el que las dos portadas que ai en el medianil, se pongan en publica subasta y se rematen al mayor postor para reparar la dicha Casa, pues no ai fondo ninguno para dicha obra”.

Este acuerdo se encuentra barrado y al pie del mismo la nota: “no tuvo efecto”. Dicha noticia documental, que fue hallada unos años antes del comienzo de las recientes obras de reconstrucción del edificio, advertía de la existencia de dos puertas en el medianil de transición de una a otra crujía, accediéndose a ellas por la lonja, realizadas en piedra de cantería y que, efectivamente, reaparecieron en los primeros días de las obras, en julio de 2005, justo detrás de lo que había sido la pizarra de la escuela posterior. Cabe suponer que uno de los accesos daba a la planta baja del cuerpo trasero, ocupado muy probablemente por la carnicería, y un segundo acceso desde el que se subía a las dependencias del pósito y a la sala de sesiones por una caja de escaleras que se encontraría en el espacio que hoy ocupa la farmacia.

Algunos años después (1784) se observa el nombramiento de un procurador del Concejo para ir a Cuenca, capital hacendística de la que dependía este lugar y todo el Señorío de Molina, para pedir créditos a fin de reparar la Casa. Poco después se hallaba en el contrato del maestro-sacristán una alusión a la ampliación de la habitación de éste y de la escuela de niños.