Una de las familias más poderosas del pueblo fue la de los Lahoz, al parecer proveniente de las montañas vascongadas, la cual controló durante los siglos XVII y XVIII los cargos de la sexma de la Sierra del Común de la Tierra de Molina. De esta familia se conserva la casona de los siglos XVI y XVII ubicada en el centro del pueblo.

En estas épocas la economía del pueblo llano se basaba en los aprovechamientos comunales de las dehesas de Arriba, o dehesa Somera, y de Abajo, dehesa Bajera, las cuales proporcionaban al vecindario leña, pasto para los animales de yunta y madera para reconstrucción de sus casas. Por otra parte, a partir del siglo XVIII, el pueblo contó con un prado comunal a las afueras del pueblo denominado Eras de Juan de Lahoz, hoy desaparecido. Del siglo XVIII también era la fuente de la plaza mayor, curiosísima obra del arte popular en la que destacaban las armas del común y concejo de Alustante, dos leones sosteniendo a un caracol, y dos caños en forma de cabeza de toro. También esta fuente desapareció en los años 1960.

Durante el Antiguo Régimen el común y concejo de Alustante dependió del de Molina en el ámbito jurisdiccional, si bien en cuanto a los asuntos internos de la aldea poseía cierta independencia. El común y concejo estaba compuesto por la totalidad de los vecinos varones que a su vez representaban a las viudas; este concejo estaba presidido por dos regidores pedáneos.

Reloj del Ayuntamiento

En 1764 la Comunidad de la Tierra de Molina prohíbe, en los pueblos de mayor vecindario (entre ellos Alustante), la celebración de concejos abiertos como medida preventiva de los escándalos públicos que se venían registrando en ellos, e instituye en dichos pueblos Ayuntamientos de doce oficiales elegidos por insaculación, manteniéndose a los dos regidores como cargos principales, aunque esta elección seguía siendo supervisada por Molina.

Ya en el siglo XIX Alustante consigue la independencia del Ayuntamiento de Molina, constituyendo su propio Ayuntamiento y administrando totalmente los bienes de su término municipal. Los siglos XIX y XX son los siglos de los tratantes de mulas, actividad a la que a mediados del siglo XX se dedicaban alrededor del 30% de los alustantinos. Otra actividad que parecen surgir en esta época es la de la artesanía de lapiceros de pizarra, actividad que se prolongó hasta los años 1970 y cuyos productos se lograron exportar a Barcelona, Sevilla y Madrid. Aparte de estas actividades continuó la trashumancia a Andalucía, región a la que también marchaban los alustantinos temporalmente a trabajar a los molinos de aceite.

Otros puntos de emigración temporal durante los siglos XIX y XX eran el Sobrarbe, al carboneo, el Jiloca, al azafrán, los Monegros, a la siega, y ya en este siglo al Puerto de Sagunto (altos hornos) y Valencia, con motivo de la industria. El sostenimiento del pueblo pese a la emigración dió lugar en el siglo pasado al orgulloso y en cierta medida pretencioso lema del pueblo: "Alustante, que con pocos hay bastante".