Poco se sabe del aspecto y vicisitudes de la iglesia en la Edad Media, aunque sí se conoce que a mediados del siglo XIV ésta era la parroquia aldeana con más rentas y beneficios de todo el Señorío de Molina.

Por los datos de que se dispone, en el momento en el que comienza la transformación de la iglesia medieval a principios del siglo XVI, ésta constaba de un “muy honrado retablo e una buena torre”, a más de una nave cubierta por techumbre de madera –tal vez de estilo gótico-mudéjar aragonés- que en estos momentos (1502) se está renovando.

De esta época son escasísimas las obras de arte que se conservan, siendo la imagen de la Natividad, patrona del pueblo, muy modificada y vestida, la única pieza que se conserva del mobiliario medieval de la iglesia.

No obstante, y a modo de compensación ante la falta de arte medieval –sin duda debida a la pobreza material en la que estaba sumida la Sierra en estos momentos- se conserva en esta iglesia la talla románica de Santa María de Cirujeda (s. XIII), obra proveniente del despoblado de Cirujeda, en el viejo camino de Alcoroches, donde se encuentra documentado un pequeño cenobio a principios del siglo XV.