Edificada sobre una peña por la que aún se accedía al coro a fines de la Edad Media, la torre debió de poseer unas funciones defensivas muy frecuentes mientras se mantuvo activa la frontera castellano-aragonesa, de modo que hasta la actualidad el área urbana más próxima a la torre, y presumiblemente más antigua del pueblo, se denomina Barrio del Castillo.

Torre A principios del siglo XVI la torre volvió a tener funciones defensivas cuando se produjo un conato de cisma dentro de la diócesis de Sigüenza, “encastillándose” en su interior entre julio de 1516 y febrero de 1517 los partidarios de don Bernardo de Carvajal, uno de los dos obispos pretendientes a la silla episcopal, declarado cismático por el papa Julio II. Todavía en el siglo XIX, y a raíz de la primera guerra carlista, la torre estaba considerada uno de los mejores emplazamientos defensivos del Señorío.

Como se puede observar, la torre posee en el pasado un carácter mixto, civil y eclesiástico muy acusado, poseyendo jurisdicción compartida sobre ella, además de las autoridades eclesiásticas locales, los regidores del concejo del lugar, a los cuales se les encomiendan todo tipo de obras de mantenimiento, pudiendo utilizar el campanario, a cambio, para efectuar toques de carácter seglar: concejo, fuego, perdidos, alzada de rastrojeras, etc.

Ya a mediados del siglo XVI, y una vez perdida en buena parte su función defensiva con la relajación de la frontera, la torre sufre una serie de modificaciones, siendo la obra más destacable la construcción del coro y la escalera de caracol, cuya peculiaridad –que no exclusividad- estriba en estar construida prescindiendo del espigón central que suelen tener este tipo de construcciones, dejando en su lugar un pozo que permite apreciar el efecto de espiral que traza la escalera.

Sus autores, los canteros Pero y Juan del Vado, parecen estar trabajando en Alustante desde 1552, momento en el cual se ordena la construcción de una tribuna o coro alto en el cuerpo de la torre. Esta obra del coro, junto a las del caracol y el campanario se prolongarán hasta casi un siglo después, siendo el concejo del lugar el costeador de dichas obras; de ahí que para escudo de dicha institución comunal se adoptara un caracol sostenido por dos leones (fuente pública del siglo XVIII) y más tarde (sello del siglo XIX) un caracol representado en un cuartel bajo las armas reales de Castilla y León.