No nos cabe la menor duda que desde los primeros tiempos en que se documento la iglesia de Alustante existieron cantos y música en ella. Ahora bien, sobre qué instrumentos se utilizaron para amenizar los actos litúrgicos no tenemos, por el momento información alguna. Seguramente el canto sin ningún acompañamiento de instrumento musical fue lo más común. No obstante, tenemos noticia de que el 26 de noviembre de 1726, ante la cofradía de Santo Catalina "pareçio presente Joseph García Milla, vecino de Tordesilos, y dixo que se obligava, en forma de derecho, por sus días, azer (sic) el son de la gayta todos los años el día de Sancta Catalina virgen y martir, veinte cinco de dicho mes, en sus funciones por preçio de siete reales y medio y la costa digo que son ocho reales" (1). Por lo tanto, se puede deducir de este fragmento documental que era la gaita uno de los instrumentos que se tocaban durante las "funçiones" -posiblemente misas, procesiones, recepciones, etc.- de días tan señalados en el pasado de este lugar como lo era el día de Santa Catalina, y esto no sólo desde 1726 sino desde mucho antes. En cuanto al tipo de gaita que tocaba Joseph García, seguramente era la típica dulzaina aragonesa, sin llaves y con la parte de la campana forrada de latón. No obstante, la gaita puede ser también un pito que tocara el músico al tiempo que tañía el tamboril, e incluso, por qué no, una gaita de boto, siendo éste un instrumento mucho más común en casi toda Europa de lo que hoy nos imaginamos. Menos probable es que el gaitero tordesilano tañera la zanfonía, que en ciertos puntos de España también se denominaba gaita.

Pero, tan sólo 17 años después, a principios del año 1743, comenzamos a tener noticias de la intención por parte de la iglesia de construir un órgano en la iglesia. Preocupado el vecindario del lugar por el alto grado de analfabetismo que hay en el pueblo, se celebra un concejo en el que se acuerdo con la Iglesia que ésta se comprometa a construir un órgano con sus fondos "para maior culto..., quedando la dotación del magisterio, y organista a cuento del Lugar y sus vecinos" (2). El órgano fue por lo tanto una obra en la que, de algún modo, Parroquia y Concejo se ven una vez más ligados para conseguir un fin. No deben extrañarnos estos acuerdos y estas utilidades mixtas de bienes civiles y eclesiásticos en las sociedades preindustriales. La torre de la iglesia se hizo con fondos concejiles (3); el vino de consagrar lo financiaban los vecinos (4); son innumerables las veces en las que se dice que mientras las reparos en la ermita de Cirujeda corren a cargo de la parroquia, los que se efectúan en las ermitas de San Sebastián y en San Roque corren a cuenta del concejo (5); por otra parte, es casi seguro que el reloj instalado en la torre hasta 1925 era considerado un bien municipal. En ese mismo año la iglesia pagó 90 medias de trigo (6).

El órgano se colocó en una de los arcos de la nave del evangelio, frente a la puerta de la iglesia, para lo cual se construyó una bóveda de yeso rebajada y se abrió un ojo de buey en la parte superior de la portada de la iglesia para dar luz a la magnífica obra que se estaba construyendo. La fachada del órgano estaba compuesta por cinco campos de tubos de latón que no sonaban, pues eran puro adorno. A ambos lados de la fachada se situaban las cantras que se accionaban por medio de ocho pedales. Un noveno pedal, hoy desaparecido, accionaba el arca de ecos, una caja cerrada que contenía un juego de pequeños tubos "para lograr un efecto fuerte o suave" (7) al abrirse y cerrarse, y que permitía así, con sus timbres aflautados (corneta), acompañar el canto. Poseía además el órgano de Alustante 27 registros repartidos de forma que 13 de ellos quedaban a la mano izquierda del organista y 14 a su derecha, y dos rodilleras (clarín-bajoncillo). El teclado, de hueso adornado con pequeñas acanaladuras, llegaba hasta la nota Sí. En total se calcula que el órgano se componía de 700 tubos que se alojaban en el interior del mueble (8), a parte de su lengüetería, las trompetas que, en forma de artillería, aún se pueden observar parcialmente en una fotografía realizada por Layna en los años 30 (9). En suma, un hermoso ejemplar de la organería ibérica barroca; su autor, Bartolomé Sánchez.

¿Quién fue Bartolomé Sánchez?

Ante todo hablar de Bartolomé Sánchez es hablar de uno de los organeros más importantes de la España del siglo XVIII. Nació en Lerín, provincia de Navarra, en una fecha indeterminada por el momento; pronto se trasladó a Zaragoza donde en 1723 tenía un taller en la calle de San Blas, aunque en 1706 ya había construido el órgano de Bañón. En 1720 coloca un órgano en el coro de la Santa Capilla del Pilar de Zaragoza, en 1731 construye el órgano de la catedral de Tarazona, en 1732 el de lbdes (Zaragoza), en 1734 termina el de la Almunia de Doña Godina y en 1741 el de la iglesia de Santo Domingo de Daroca, siendo ésta su última obra conocida por el momento (10).

Sin embargo, he aquí que en el lugar de Alustante, en el Señorío de Molina, se conservaba al parecer hasta no hace mucho en el secreto del desvencijado órgano su firma: "Bartholomé Sánchez me facit año 1743 en Zaragoza..." (11). Se trataba posiblemente, como apunta Juan Antonio Marco, de la última obra del gran organero navarro-aragonés, que a su muerte dejó una escuela, una saga de organeros, que se prolongó hasta bien entrado el siglo XIX.

(1) Libro de la Cofradía de Santa Catalina. s.f.
(2) A. P. Alust. Libro IV de Fábrica, ff 80r-80v.
(3) Archivo Provincial de cuenca (A.P.C.). Catastro de Ensenada, Alustante.
(4) A. P. Alustante Libro IV fábrica, f184 v.
(5) vid. por ejemplo, A. P. Alust, Libro IV fábrica, f 22 r.
(6) A.D.S. Libro III de fábrica Alustante s. f.
(7) Marco Martínez, J. A., El órgano histórico en la provincia de Guadalajara; Dip. Provincial de Guadalajara, 1990, p. 49.
(8) Ibid.
(9) Layna Serrano, F. La parroquia de Alustante (Guadalajara) en Boletín de la Sociedad Española de Excursionistas, Dip. Prov. Guadalajara, 1936, pp. 175 y ss.
(10) Gran Enciclopedia Aragonesa, Tomo XI, Zaragoza, 1982, p. 2979
(11) Marco Martínez, J. A. opcit.