Escudo de Alustante

  Cuatro Esquinas
  Dehesa de abajo
  San Roque

  



Paridera del Concejo.

De la paridera del concejo apenas quedan unas pocas ruinas en el camino de los Valles, a unos 4 km del pueblo. Sin embargo, estas ruinas poseyeron en el pasado una gran importancia para la economía de la localidad. Pese a que Alustante era un pueblo cuya economía estaba ligada en la ganadería, en la dieta del pueblo llano apenas entraba la carne de oveja, por dos razones: porque la cría de ovejas se destinaba fundamentalmente a la producción de lana y por el elevado precio de la carne de ovino.

Sin embargo, en los meses de la siega, en los que se necesitaba un complemento alimenticio, en este caso de proteínas, en el despacho municipal de carne se servía carne del coto. Básicamente el coto consistía en un rebaño de ovejas viejas (en 1844 el número era de 200) aportadas por los vecinos y ganaderos del pueblo para un posterior consumo comunitario. En el periodo de un año, durante el cual duraba el contrato del carnicero-ganadero, éste tenía el privilegio del concejo para pastar en todo el término, en espacios de pasto muy concretos, como las arboledas, el coto (de ahí su nombre) y en las rastrojeras antes que ningún otro rebaño del pueblo. El coto carnicero era a su vez un espacio limitado que al parecer se encontraba en la zona baja del camino de Orea, casi inmediato a las eras de la Soledad, y podía llegar hasta la dehesa Somera, más amplia de lo que es ahora.. Hoy toda esta zona está ocupada por labores.

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En los meses de verano, durante la siega especialmente, las ovejas del rebaño del coto eran sacrificadas para el consumo humano, siendo el precio de la carne muy inferior al del mercado corriente, con lo que era probable que hubiese familias que consumieran carne sólo en estos meses. La carne, además, se fiaba hasta el final de la recolección, “apuntándose” las libras o medias libras de carne que se llevaba cada vecino en la tarja, barra de madera en la que se realizaban tantas muescas, medias muescas y rayas como libras, medias libras o cuartos de carne se llevaba un vecino.

El coto era controlado por el concejo (posteriormente por el ayuntamiento), de modo que cada año se sacaba a subasta bajo una serie de condiciones. Estos contratos, que se registraban en los libros de acuerdos municipales, dan una idea de la función social de esta costumbre.

En 1770 Catalina Martínez se obliga a abastecer la carnicería desde San Juan de ese año hasta el año siguiente; en ese año las condiciones fueron las siguientes: “que desde el día de San Juan de la fecha ashasta (sic) el primero del mes de agosto he de dar carnero a nuebe quartos la libra, lo restante del año a diez quartos y desde el dicho día de San Juan hasta el dia ocho de setiembre e de dar la obexa a siete quartos la libra; desde el dia ocho de setienbre hasta el dia de San Andres, la libra de cabra a seis quartos y si faltare algun dia cabra desde el dia de San Andres asta el de San Juan, macho a ocho quartos la libra; el libiano de macho por media libra de libiano de cabra por media libra; las cabezas, menudo, libiano de obexa por dos libras; el libiano de carnero por media libra con las condiciones siguientes que se me a de dar el coto para el ganado desde el dia quinze de otubre la dehesa somera hasta el dia beinte y cinco de marzo, desde el dia beinte y cinco de marzo hasta el dia primero de maio se me a de dar el coto y me obligo a tener el ganado en la paridera, sacando el tiempo oportuno, y me se (sic) pueda llebar por cada noche que faltase dicha paridera dos reales para el lugar”.

El lugar destinado a la las ovejas del coto (llamadas en algunas partes del Señorío ovejas coteras) dormían en una paridera ubicada en el camino de los Valles denominada propiedad del ayuntamiento: era la llamada paidera del concejo. En ocasiones el estiércol de la paridera también entraba en los aprovechamientos del ganadero-arrendatario. El 26 de octubre de 1824 se informa al Intendente General de Guadalajara de que “en la noche del doze del corriente amaneció ynzendiada la paridera que tenia heste pueblo para el ganado de hel habasto de la tabla de carnes” por lo que “a quedado el coto de la tabla muy reducido y quieren hazer la paridera en un paraje que llaman los Altos y Oya las Guesas, termino de heste pueblo y paraje muy comodo para ynvierno”.

Sin embargo, esta petición fue denegada por las autoridades provinciales y de nuevo la paridera del concejo se volvió a reconstruir donde estaba: en las proximidades de la dehesa Somera y del coto carnicero. Según se informa en este documento, los ingresos del estiércol de la paridera revertían a los propios del Ayuntamiento, empleándose 1/3 de lo obtenido por su venta para el mantenimiento de dicha paridera y el resto atesorándose en dichos propios. Así, por ejemplo, en los años 1844 y 1845 parte de la renta del coto se empleó en el arreglo la calle del Royuelo.

La carnicería se encontraba en el siglo XVII en los bajos de la Casa del Lugar si bien, más adelante, existió un local destinado a mesón del concejo, que servía para estos fines ya que en 1771 la contratista del coto dice que “se me ha de dar el mesón para el oficial (=matachín) y este aiga de matar los cerdos y no otro”. Finalmente el matadero se halló en la Cuesta del Capricho, en el corral aledaño al actual nº 6 de esa calle. La paridera del concejo servía también para cerrar los toros la noche anterior al encierro de las fiestas patronales, procedentes de las ganaderías de la Sierra.